viernes, 26 de septiembre de 2014

Hoy iré a tu casa

 Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Lucas 19:5-6

Cuando Jesús pasaba por la ciudad de Jericó, Zaqueo, un rico recaudador de impuestos, trató de verle, pero como era muy pequeño de estatura, no lo consiguió. Entonces corrió y se subió a un árbol. Cuando Jesús llegó a ese lugar, levantó la vista y le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5-6).
Zaqueo era generoso y siempre estaba dispuesto a reparar sus errores respecto a los demás, pero nada de esto podía salvarlo.
Como tenía necesidades espirituales, hizo todo lo posible para encontrar a Jesús, sin preocuparse por lo que la gente dijera de él. ¡Y oyó que Jesús lo llamaba por su nombre! Entonces bajó rápidamente del árbol y recibió con gozo al Señor Jesús en su casa.

Hoy, quizá por medio de esta hoja, Jesús todavía esté pasando cerca de usted. No se deje detener por ninguna dificultad o por temor a lo que piensen los demás. Haga todo lo posible para acercarse a él. Jesús lo llama ahora mismo: “… hoy es necesario que pose yo” en tu corazón. ¿Lo dejará pasar de largo, sin abrirle la puerta?
Zaqueo no imaginaba que Jesús lo conocía y discernía su deseo de verle. Quizás usted piense que nadie se da cuenta de su sed espiritual. Sin embargo, el Señor lo conoce por su nombre y comprende sus deseos más profundos. Él vino a este mundo para colmarlos, pero desea que usted le abra la puerta de su corazón (lea Apocalipsis 3:20) para llenarlo de gozo. ¡Permítale entrar!

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