domingo, 17 de agosto de 2014

Sobre la cresta de las olas



Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia.  2 Tesalonicenses 2:16
Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. 2 Corintios 4:17

Un hermoso día de verano, en la bahía de Biarritz (Francia), observamos fascinados la habilidad de los surfistas. De pie en su tabla de windsurf, mantenían el equilibrio sobre la cresta de una ola más alta que ellos y así eran llevados hasta que la ola se desvanecía en la orilla. ¡Qué diferencia entre el nadador que es llevado por esas fuertes olas y el surfista que navega sobre ellas!

Esta es una ilustración de lo que debería ser un creyente. En vez de dejarnos engullir por las olas de las pruebas y las dificultades de la vida, fijemos nuestra mirada en nuestro Salvador; así podremos caminar con él sobre las olas.

Esto fue lo que el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Roma. Las pruebas podrían ser, incluso, un motivo de gozo para ellos, pues los llevaban a apreciar mucho más su esperanza y a confiar en el amor de Dios (Romanos 5:3-5)

Hay situaciones en las que podemos experimentar que él es el “Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3-4).

 Pero sobre todo nos muestra la gloria y la bienaventurada esperanza que nos aguarda. Así nuestra mirada se fija, no en las cosas visibles que nos hacen sufrir, sino en el futuro celestial que nos está esperando, donde no “habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4)

FUENTE: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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