viernes, 17 de octubre de 2014

Las piezas del rompecabezas

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28

Desde la mañana, María había tratado de hacer un rompecabezas. Después de tres horas de mucha paciencia, estaba orgullosa de mostrar a sus padres el hermoso cuadro que acababa de construir.

La imagen de todas las piezas repartidas sobre la mesa me recuerda el desarrollo de una vida humana. Nuestra vida está compuesta de pequeños elementos, agradables o no, que se suceden y cuyo sentido no siempre comprendemos. ¿Por qué esta prueba, por qué este sufrimiento? Y de repente hoy parece que todo me sonríe; el cielo está sereno. Algunos dicen: «Creo en la suerte que por fin me llega, después de tantas desgracias…».

El incrédulo razona así, pero el creyente no cree en el azar, pues sabe que está en las manos de Dios. Por supuesto que es responsable ante Dios de cada una de sus acciones, y trata de honrar al Señor en su vida. Pero se encomienda a su voluntad, sabiendo que Dios dirige todo para su bien.

De este modo los fracasos, e incluso las pruebas que Dios permite, ayudan al bien de los que le aman. A veces nos costará decir, como el apóstol Pablo, que la voluntad de Dios es “buena… agradable y perfecta” (Romanos 12:2)

Como sucede con un rompecabezas, será preciso esperar que todas las piezas estén colocadas para descubrir, desde el cielo, que el resultado es admirable. Pero desde ahora podemos decir por la fe: “Bien lo ha hecho todo” (Marcos 7:37).

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

FUENTE: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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