miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ahí me quedo



Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas. Isaías 40:26
(Dios) Todo lo hizo hermoso en su tiempo. Eclesiastés 3:11


 Cuando fui a invitar a Laura, nuestra vecina, a una conferencia bíblica, ella me dijo que no creía en nada. Entonces, observando las fotos de sus hijos en la pared, le dije:

–Cuando piensa en el amor de sus hijos, ¿no le parece que es hermoso?


–Sí, hay cosas hermosas a mi alrededor, pero ahí me quedo, no voy más lejos.
–Pues yo, al ver el rostro de un niño, creo que las cosas no se han hecho solas. Pienso en Dios.
–Usted piensa en Dios porque fue criado en la fe. Yo no pienso en ello porque fui criada sin religión. ¡Las cosas están ahí y ya, es todo!
–Dígame la verdad, cuando observa la belleza de la naturaleza, como este árbol con colores de otoño, ¿se queda ahí?
–Cuando miro este árbol, nada más pienso en que alguien lo plantó; ahí me quedo.

Nuestra conversación también se quedó ahí por esta vez, pero tengo la esperanza de que no haya sido inútil. Un día, al ver un árbol con las hojas de color púrpura, Laura quizá no sólo pensará en el árbol, ni siquiera en la persona que lo plantó, como al final lo reconoció. Ella mirará de forma distinta la naturaleza, los hombres que viven en ella, la tierra que los contiene, el Universo, y reconocerá que Dios está en el origen de todo. No le quedará otro remedio que reflexionar, ser lógica, pensar en Dios y comprender que él está cerca de ella.

En todo lo que nos rodea hay un mensaje para nosotros: ¿Quién hizo todas esas cosas tan hermosas?

¡Que pueda exclamarse como ese hombre: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24).

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